Ante el fracaso de una política económica sustentable, campos pesqueros como La Reforma, en Angostura, pasaron de la abundancia a la miseria, y de la dignidad a la presencia del narcotráfico y la prostitución.
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Desde hace ya veinte años, los campos pesqueros en Sinaloa han ido transitando dela abundancia a la miseria, de las canastas llenas a las bolsas vacías, del orgullo a la tristeza y de la ambición a la decepción.
El panorama que hoy ven las comunidades ribereñas es desolador: jóvenes y niños son presas fáciles de la delincuencia, se ejerce la prostitución a pleno día y los pescadores quienes tenían muchas razones para sentirse orgullosos y eran la admiración de sus familias, hoy tienen pocas opciones para sobrevivir con dignidad, la mayoría son víctimas del alcoholismo o se alquilan como lancheros al servicio de narcotraficantes.
Un espejo fiel de lo que fue un lugar de riqueza y que se convertido en un mar revuelto con ganancia para los peces gordos, es el campo pesquero la Reforma, en el municipio de Angostura, y de elloda su testimonio a Contralínea Sinaloa, la señora Elvia Cervantes López.
Antes, recuerda Elvia Cervantes, el sueño de nuestros padres era que nos casáramos con un pescador. Siempre se nos recomendaba, y casi se nos exigía, que no fueramos a juntarnoscon profesionistas, ni que anduvieramos de novias de estudiantes.
Doña Elvia hoy es esposa de un profesionista: Antonio Rodríguez Ochoa, ingeniero bioquímico y sub director del Centro de Instrumentos de la Universidad Autónoma de Sinaloa. Ella no olvida el día en el que sus padres le prohibieron ser su novia -pues entonces era maestro de la preparatoria de la Reforma-.
”Los profesionistas para nuestros padres no valían, a toda costa querían que nos casáramos con un pescador porque era la época en la que el camarón abundaba y era tanto que en un solo día ganaban hasta 15 mil pesos de los de hoy.
”Aquella -evoca la entrevistada- era época de bonanza, eran tiempos de canastas llenas porque los pescadores regresaban a sus casas con mucho dinero, traían sus buenas camionetas, vestían bien y hasta se daban el lujo de que les tocará la banda, cuando en cambio ahora no sacan ni 60 pesos al día”.
Hoy, Elvia es testigo del tránsito de la abundancia a la penuria y de ésta a la desolación de su comunidad. Desde hace ya diez años con la falta de peces llegó la drogadicción a Reforma, y creció al tiempo en que comenzó la migración de los pobladores hacia las principales ciudades de Sinaloa o a la frontera norte.
Quienes permanecen hacen ronda alrededor de las cantinas y los depósitos de cerveza, lugares en los que también abunda todo tipo de drogas que consumen, muchos desesperados porque no tienen trabajo, desesperados para aminorar la desolación.
Cosecha de delincuentes
La sobreexplotación de los productos pesqueros, así como la contaminación de los sistemas lagunarios por la pintura fluorescente que se utiliza para identificar cargas sobre el mar, son el preámbulo de una catástrofe que apenas se inicia en las comunidades pesqueras y los litorales de nuestro país.
Otro problema social que avergüenza a las familias en los campos pesqueros y es una muda denuncia al fracaso de la política social del gobierno sinaloense, es el avance de la prostitución femenina.
Este fenómeno sumado a la drogadicción y al alcoholismo constituyen una alerta general: el involucramiento cada vez mayor de pescadores en el narcotráfico. En Sinaloa, Sonora y Baja California se cuentan por cientos los casos de pescadores que recurren a este delito por falta de recursos.
Suman decenas los sinaloenses presos que en su desesperación por no contar con otras alternativas lícitas para trabajar se emplean como lancheros de grupos de narcotraficantes.
La paga por “acercar” la marihuana o cocaína a algunas islas o por trasladarla hasta las costas de Baja California o Sonora, no supera los 5 mil pesos. Sin embargo, esta opción es preferible para muchos pescadores ante el riesgo de ver morir de hambre a su familia, nos confiesa un “narcolanchero” que pide guardar su identidad.
Elvia y su esposo Antonio vivieron los primeros años de su matrimonio en La Reforma, pero en cuanto pudieron decidieron salirse porque no querían un futuro tan desalentador para sus hijos.
”Lo que pasa en estos momentos es una tristeza y es resultado de la desatención del gobierno Federal, concluye doña Elvia”.
Responsabilidad ¿de quién?
“¿A quien se puede culpar de que tantos pescadores libres salgan a alta mar a pescar camarón, si finalmente ese mismo producto termina en las bodegas y congeladoras de los grandes permisionarios?”, preguntan los habitantes de La Reforma.
Y es que los únicos perdedores en este caso son los pescadores y sus familias sujetos a un ineficiente ciclo de comercialización que permite que el producto de su trabajo les sea sustraído por los dirigentes de las cooperativas.
Pero la amenaza también proviene de sus compañeros: los pescadores libres o los propietarios de las congeladoras, y también de los patrones de sus embarcaciones de altamar, todos les roban, todos los aniquilan y los lanzan al alcohol y a la droga.
Por encima de todos, las dependencias gubernamentales que encubren su incapacidad y corrupción y evaden su responsabilidad atribuyendo, unos,a la administración estatal la solución de este problema, otros, a la municipal y, finalmente, a lo que llaman la “deshonestidad” de los trabajadores del mar. Esos los que navegan en un proceloso mar de corrupción en el que intentan pescar su alimento.