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SINALOA  

Narcocultura veneno sin antídoto

Guillermo Contreras Núñez
El problema del narcotráfico en la entidad, nos ha rebasado como sociedad consideran especialistas 

 

 

 


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En opinión de Jesús Antonio Valdez Palazuelos, director de Atención a la Juventud en el Ayuntamiento de Culiacán, lo más preocupante es que cada día esta subcultura del narcotráfico permea a los jóvenes sinaloenses que en su mayoría aspiran a imitar a los llamados narcojuniors”.

Una encuesta realizada por el Instituto Municipal de Atención la Juventud arrojó que la mayoría de los jóvenes quieren ser como los narcojuniors que conducen camionetas del año, desde las que se escucha música a todo volumen, que deliberadamente atraen la atención de los peatones al 'patinar llanta' y que ostentan que portan un arma de fuego moderna”

Los jóvenes delincuentes, quienes se benefician del capital económico y del ascendente social que ganan por su dispendio en restaurantes, bares, comercios y centros turísticos, son los que conforman el grupo de los narcojuniors.

En la capital sinaloense, esa situación se ha convertido en un problema social. Culiacán tiene una población promedio de 250 mil jóvenes, de acuerdo con el padrón de Inegi, un núcleo importante de personas que viven bajo la sombra de los efectos de la delincuencia organizada y sus enfrentamientos criminales que tienen como escenario los antros de esta ciudad, explica a Contralínea, Valdez Palazuelos.

Asegura que la juventud de Culiacán está inmersa en un ambiente en el que el clima delictivo asociado con el narcotráfico se permea a través de canciones y moda, así como de la forma de actuar de los grandes capos del narco. “Nuestros jóvenes anhelan tener algún día un carro de modelo reciente y arreglarlo al estilo de los capos de la droga”, sostiene el funcionario.

El también ingeniero agrónomo, egresado de la Universidad Autónoma de Sinaloa, advierte que la mayoría de los jóvenes de esta capital son el botín del narcotráfico que detecta las debilidades sociales de los jóvenes, como la falta de unidad familiar, situación que favorece que éstos absorban las manifestaciones de violencia, moda y lenguaje que tienen lugar en la vía pública, en lugar de asimilar los valores sociales que debieran impartírseles en sus respectivos hogares y escuelas.

Manifiesta Palazuelos, que la única manera de contrarrestar lo que ya se conoce comúnmente como narcocultura, es retornando a los principios y valores de la familia y a por medio de la convivencia y educación que se imparte desde las escuelas.

“La situación por la que atraviesa Culiacán es preocupante a pesar de los esfuerzos que hacen los gobiernos estatal y federal para combatir dicho problema”, manifiesta.

Por su parte, lleana Guadalupe Lugo Palencia, profesora de humanidades del Instituto Tecnológico de Estudios Superior de Monterrey, campus Estado de México, define la narcocultura, como “una forma de identidad de sujetos que tienen una manera muy especial de vestirse, de llevar alhajas y de expresión verbal”.

Advierte incluso que quienes así se ostentan, han ganado amplios espacios en el reconocimiento de sus pueblos y la aceptación de sus habitantes.

Rechazo a narcojuniors

 

En contraste con los jóvenes, entre quienes realizó una encuesta el Instituto Municipal de Atención a la Juventud, varias estudiantes universitarias aseguran que no les gusta relacionarse con jóvenes que tengan aspecto de narcos por el riesgo que representa para su seguridad.

Advierten incluso que el relacionarse con ese tipo de personas, podría implicar que en algún momento se vieran involucradas en asuntos peligrosos.

Sergio B. elemento adscrito a la Dirección de Seguridad Pública Municipal, expresó que basta observar el aspecto de los automóviles y el tipo de persona que es el conductor “y ya sabemos de lo que se trata; desde ese momento sabemos que ponemos en peligro nuestras vidas”.

Manuel es un agente de tránsito que diariamente observa el paso de automóviles con símbolos que identifican a los grupos de jóvenes de bandas de narcotraficantes de Culiacán. “Son 'juniors' y capaces de todo. Nuestras vidas están en riesgo a cada instante”, admitió el también joven trabajador. 

Moda narco

 

En un recorrido por el centro de Culiacán se logró constatar por el testimonio de los comerciantes, cómo ha aumentado el gusto de los jóvenes por las llamadas “narco-prendas”. Es la moda.

Una comerciante explicó que los jóvenes frecuentemente piden prendas que ostentan imágenes y frases relacionadas con el narco. Otro vendedor que tiene 17 años trabajando en una tienda de ropa, aunque reacio a hablar del tema, acepta que esas prendas se venden mucho entre su joven clientela y aunque no le gusta el mensaje que llevan, “de algo tengo que vivir”, se justifica.

Óscar, en cambio, es otro vendedor de ropa para niños y jóvenes que no acepta vender esas prendas porque se opone a fomentar una cultura de violencia.

Ante ese complejo panorama, el director de Atención a la Juventud en Culiacán considera que es apremiante prohibir la venta de prendas de vestir que hacen la apología a la violencia de la delincuencia organizada.

“A todos nos corresponde cambiar la mala imagen de Culiacán, empezando por las cachuchas y camisas que se venden en las centrales de autobuses con imágenes de hojas de marihuana y metralletas que ostentan la leyenda: Bienvenidos a Culiacán”.

Publicado: Diciembre de 2006 Año 2 / No. 18



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