Carmen Aída Guerra Miguel
Sin estadísticas oficiales que revelen el número exacto de enfermos, se calcula que en el estado hay, por lo menos, 3 mil enfermos de lepra. A pesar de ser un problema de salud pública, el sector salud abandona la investigación
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La lepra es un problema de salud pública universal: se estima que en el mundo hay cuando menos 15 millones de enfermos de lepra. En Sinaloa se han detectado más de 3 mil casos, por lo que el estado se coloca entre las entidades con mayor índice de personas afectadas, junto con Nayarit, Jalisco, Colima, Michoacán, Guerrero y Guanajuato.
A lo largo de la historia, los dermatólogos han repetido que la lepra no mata, sólo deforma. Esto contribuye a que el paciente se aísle o sea aislado.
La lepra, conocida también con los nombres de mal de Hansen, de Lucio y de Latapí, es causada por una bacteria que produce la reabsorción ósea, visible porque a los dedos de las manos y de los pies los hace muñones, se caen las cejas, las pestañas, el vello; se presentan hemorragias, conjuntivitis e irritación; la cara cambia, su piel se torna muy brillante y turgente, se va atrofiando, se pone escamosa, se va ulcerando, se va secando (se le conoce como cara de luna), hay adormecimiento de manera lenta y progresiva, afecta todos los órganos salvo el sistema nervioso central, por lo que a pesar de saber que es la menos contagiosa de las enfermedades transmisibles, ha venido causando repulsa.
Esta situación se presenta por falta de un diagnóstico oportuno. Hace no mucho tiempo, los enfermos llegaron a mantenerse confinados y era común verlos deambular por las tumbas del Panteón Civil, más relacionados con la muerte que con la vida. En ese lugar se les mantenía aislados, rechazados por su propia familia y por la sociedad.
Se tejieron inclusive historias macabras en torno a estas personas. En su tiempo los doctores Jesús Rodolfo Acedo Salazar y Fernando Armienta Calderón, atendieron con ejemplar dedicación a quienes padecían lepra.
Contiguo al Panteón Civil se construyó un refugio al que se le llamó Leprosario. Se trataba de un Centro Dermatológico del que se desentendió el gobierno, por lo que se recurrió a la caridad de los ciudadanos, entre ellos Aurelia de Echavarría.
El dermatológo Fernando Armienta Quiñones dice: "La lepra, esa olvidada". Para él, cuando el VIH Sida irrumpió en la historia médica y social contemporánea, con toda su virulencia, la lepra retrocedió a las antesalas de los temores y flagelos humanos.
Afirma que, en muchas regiones tenemos lepra como mal endémico y que Sinaloa es uno de esos escenarios. “También tenemos expertos que la conocen a fondo y ya no son ni escuchados, ni consultados, para diseñar las estrategias que permitan luchar contra ella, que busquen su erradicación”, puntualiza.
Agrega que los médicos “tampoco disponemos de esas estrategias y recursos necesarios para organizar las estrategias. Esos recursos que harían posible, a través de la ubicación de los contactos, cortar el círculo perverso de su reproducción”.
El doctor señala que es muy probable que en Sinaloa haya algún elemento que favorece su reproducción en la que se presenta, el que hasta hace poco se conoció como la más lapidaria, el mal de Lucio o lepra lepromatosa. Sin embargo, aclara que ante la falta de investigación se desconoce de dónde “brota” este padecimiento.
Armienta Quiñones reconoce la existencia de ese problema y advierte que “en Sinaloa necesitamos que se verifique si tenemos subregistro; se necesita asimismo asegurar tratamientos con PQT al ciento por ciento de los casos nuevos; se requiere rehabilitar las discapacidades físicas causadas por la lepra y realizar con urgencia la revisión estricta del ciento por ciento de los convivientes”.
Sólo así, afirma, se podrá reducir en 60 o 70 por ciento la actual tasa de prevalencia que se viene manteniendo como endemia mediana, es decir, que afecta de dos a tres habitantes de cada 10 mil, para que podamos pasar a dos por cada 10 habitantes.
“El manejo de los números, afirma, se dice fácil. Uno por 10 mil. Pero ¿qué tal si a mí o a usted nos toca ser ese uno? ¿Verdad que entonces todo cambia? Pues así cambia para quienes hoy constituyen los casos nuevos que anualmente se registran, algo que se podría y debería evitar””.
Desatención a lepra
La irrupción del VIH dejó en el olvido a la lepra, afirma Armienta Quiñones: “Los presupuestos de los estados de bienestar se agotaron, quedaron las terribles deudas externas y todos los programas de salud pública comenzaron a sufrir los recortes que dejaron a los pacientes con menos recursos cada vez más desprotegidos”.
Apunta que la sabiduría popular no se equivoca. “Los abuelos decían que el cuerpo no aguanta dos enfermedades distintas al mismo tiempo. Entonces, para una gripe no había como provocarse una buena indigestión. Ahora parece que socialmente no podemos prestarle la debida atención a la lepra y al VIH al mismo tiempo, como si una de estas enfermedades tuviera necesariamente que reemplazar a la otra, porque llegó el relevo en la escala del miedo”.
Si a nivel de las representaciones sociales esto se entiende, no ocurre lo mismo a nivel de formación médica, de la responsabilidad profesional acerca de una enfermedad que se sigue reproduciendo en el olvido porque no hay política de salud que la considere. Además de que tampoco hay presupuesto para la investigación, asegura el dermatólogo.
El especialista lamenta que las escuelas de medicina tampoco atienden a la lepra en sus planes de estudio: en dermatología la lepra no es considerada como uno de los principales males. “Parece que ya no nos asusta, porque ahora tenemos un susto mayor con el VIH, a nivel de las representaciones sociales, y un problema mucho mayor, a nivel médico y de investigación, para lograr su control”.
Armienta Quiñones dice que se debe trabajar con ambas enfermedades al mismo tiempo, porque quienes las padecen cargan sus terribles consecuencias. “Sobre la lepra tenemos tanto conocimiento acumulado y no utilizado, que su presencia endémica ya se inscribe en el nicho de los desperdicios, de lo que desperdiciamos en el sentido de no utilizarlo en todo su valor, como si hacerlo así fuera lógico, justo, y por lo mismo recomendable”.
Estabilidad de la lepra
Una visita al Centro Dermatológico confirma lo dicho por el doctor Armienta Quiñones: existe un lamentable subregistro. Los enfermos no asisten a consulta médica. La mayoría pasan al ostracismo, fenómeno que empieza cuando las manchas son visibles, cuando se les alargan las orejas y sus huesos se van reabsorbiendo.
La reacción inmediata es apartarse de la sociedad. Esta reacción nos hace volver los ojos a las páginas bíblicas, a los tiempos de Jesús, cuando las campanitas anunciaban el paso de los leprosos para que la gente sana se apartara.
El doctor Armienta Quiñones advierte que “cuando la tendencia de una enfermedad se mantiene estable 10 años, a pesar de existir los recursos clínicos y farmacológicos necesarios para inclinarla a la baja, sabemos que estamos frente a un padecimiento que involucra variables ajenas a las que definen estrictamente el campo médico de la enfermedad”.
Actualmente, dice, la tendencia a la estabilidad es la misma; “pero no nos gustaría nada, viendo como desaparece su importancia en los planes de estudio, estar dentro de cinco años advirtiendo que comienzan a incorporarse nuevos territorios al mapa de incidencia. Por ello, es urgente investigar y superar el subregistro”.
Enfermedad de pobres
Para contar con un tratamiento y un diagnóstico oportuno, es necesario que la Secretaría de Salud se aboque a estructurar un programa de microbacteriosis de manera gratuita, porque a quienes afecta en mayor número es a los que menos tienen, sea por condiciones de higiene, alimentación, promiscuidad, falta de servicios sanitarios.
La lepra de Lucio que ha prevalecido en Sinaloa se clasifica de la siguiente manera: lepra lepromatosa, lepra tuberculoide y lepra indeterminada (deforme). La lepra indeterminada tiende a ser lepromatosa o tuberculoide, al igual que las deformes que pueden virar con un diagnóstico muy oportuno, pero los recursos para la salud son insuficientes.