Dorangélica de la Rocha
Con la actitud mostrada el día que asumió su mandato, Felipe Calderón Hinojosa dejó ver que será un presidente comprometido con el Estado de Derecho y la constitucionalidad, con firmeza de decisiones y la suficiente tolerancia que no se interprete como debilidad gubernamental.
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El nuevo presidente de la República aseguró que se presentaría en el Palacio Legislativo a rendir la protesta de Ley ante el pleno del Congreso de la Unión, tal como lo dispone el artículo 86 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
Más que vergüenza por arribar al recinto legislativo por la parte trasera, Calderón Hinojosa debió sentir orgullo, satisfacción y hasta alegría al poder jurar en el sitio que manda la Constitución. De hecho, su expresión de “sí se pudo y sí se puede”, es reflejo de ello.
Para muchas personas, vergüenza es la que deberían sentir algunos legisladores que enseñaron de fea manera “el cobre” en los días y horas anteriores a la ceremonia de transmisión de poderes. Esas conductas nos deben llenar de pena, toda vez que el parlamento mexicano se ha estado convirtiendo en una referencia vergonzante a nivel mundial.
Legisladores agarrándose a golpes, durmiendo en piyamas en el recinto parlamentario. Diputados encimando sillones y escritorios para bloquear los accesos al Palacio Legislativo con la única intención de impedir el paso de quien debía rendir protesta como Presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos.
Finalmente Felipe Calderón Hinojosa entró en el recinto legislativo. El sentimiento de triunfo de la razón contra la sinrazón debió albergarse en millones de mexicanos que veían la ceremonia por televisión. La expresión del hoy ex presidente Vicente Fox también indicaba lo mismo, más cuando él mismo estaba emplazado a no asistir.
En fin, ese episodio queda para la historia política del país y así lo asumió el nuevo presidente, quien se ha dedicado a trabajar desde el primer momento en que inició su mandato. Al mismo tiempo ha enviado señales que nos indican que será un presidente exigente, enérgico, no débil y comprometido con la aplicación de la ley, como muchos mexicanos lo desean.
La detención y encarcelamiento del líder de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), Flavio Sosa, es muestra de que Calderón aplicará mano firme contra quienes alteren el orden incurriendo en una serie de delitos como los cometidos presuntamente por este personaje. Nada de manifestantes afilando machetes en la vía pública. Nada de protestantes cerrando calles y avenidas, afectando los derechos de otros. Otra cosa es la libertad de expresión. Esa siempre deberá respetarse.
Calderón correrá el riesgo de que lo llamen represor, pero difícilmente será señalado como un presidente débil o que le tiemble la mano para tomar decisiones.
Eso es precisamente lo que esperan millones de mexicanos: la aplicación de la ley para quien la viole. Esa costumbre de vulnerar y atropellar los mandatos legales con total impunidad es lo que genera la violencia, la inseguridad y la pérdida de valores que está padeciendo la sociedad mexicana. Si las cosas se hacen de esta forma, casos como el de Oaxaca pasarán a la historia para no repetirse nunca más.
Así pues, el nuevo presidente de la República tiene ante sí todo un reto. La legalidad es el primer compromiso y es, justamente, la plataforma para que los programas de desarrollo económico, de generación de empleos, de seguridad social, de seguridad pública, entre otros rubros de la administración de gobierno, puedan llevarse a cabo y fructifiquen en beneficio de la sociedad en general.