Jesús García Nícola
Entre la mediocridad y el conformismo, el sistema de “mejor perdedor” ha creado muchas controversias desde que se instituyó en la temporada 93-94 en la Liga Mexicana del Pacifico (Mexpac).
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Obviamente, ha algunos aficionados no les agrada, mientras que a otros les resulta benévolo y esperanzador.
Aunque algunos lo comparan con el comodín o wild card que se utiliza en las grandes ligas, en México eso es totalmente falso. No es lo mismo ser el “mejor” segundo lugar de tres divisiones, que perder estando en playoff.
Usted dirá: pero ese equipo no ganó la división, no es justo que pase. Eso es totalmente cierto, como también lo es el hecho de que a veces el wild card tiene mejor récord que algunos equipos que sí ganaron la división, amén de que juegan 162 partidos contra aproximadamente 20 equipos (si contamos los de interliga).
Lo emocionante de los playoff es ganar o morir en cada juego. Pero de qué sirve un equipo que en esta liga no muestra lo mejor que tiene y que avanzó con ocho puntos, cuando puede ser campeón o sacar del camino a otro que hizo 16.
Seis de los ocho equipos califican, por lo que se necesita tener una campaña totalmente desastrosa para no hacerlo. E incluso entonces se tiene oportunidad de acceder a semifinales.
En todo caso lo ideal sería que calificaran sólo cuatro equipos, como sucedía a principios de los 90. De ser así, en esta temporada hubieran tenido ocasión los partidos entre Culiacán y Hermosillo u Obregón contra Mazatlán. Ambos duelos, muy atractivos. Mientras que Guasave, Mochis y Navojoa hubieran participado hasta la última serie de la temporada.
Pero el ingreso económico que genera este sistema, sin duda, es una de las razones por las que se mantiene. El esquema ha permitido, por ejemplo, que Mazatlán sea bicampeón (2004-2005 y 2005-2006), o que los encuentros Navojoa-Culiacán, Mochis-Mexicali y Guasave-Hermosillo resultaron atractivos.
En todas esas series se peleaba un puesto por los playoff: en apariencia, Culiacán era el contendiente más cómodo, por el dominio ejercido sobre sus contrincantes, aunque matemáticamente no tenían nada seguro.
Los últimos días de diciembre de 2004, el estadio “Héctor Espino” se llenó. Los aficionados buscaban a Hermosillo buscando un sexto lugar que lo llevará a los playoff. Al final de la temporada regular 2000-2001 también se registró una masiva entrada en el estadio “general Ángel Flores” durante el encuentro de los tomateros.
Los sistemas de “mejor perdedor” y de clasificación de seis de ocho equipos sólo son buenos como estrategia para “meter” gente a los parques. Al béisbol le vendría mejor renovarse.
Si no existiera el sistema de mejor perdedor, Guasave tendría 17 temporadas sin llegar a una semifinal. También es probable que ningún equipo mexicano hubiera ganado la serie del Caribe, como lo hicieron los Venados de Mazatlán en 2005.
chuyitogn@hotmail.com
Lobito Sainz, la adicción
Considerado por muchos el mejor ampayer de México y con 19 participaciones en la serie del Caribe, Humberto el Lobito Sainz fue retirado de la Liga Mexicana del Pacífico. El escándalo va más allá: exhibe a los directivos como supuestos encubridores de Sainz, quien habría jugado un par de partidos bajo el influjo de la marihuana.
La presunta complicidad entre los directivos y el jugador se descubrió luego del enfrentamiento que protagonizó el ampayer con los aficionados de Mazatlán, cuando ordenó a la mascota Vinny –mientras cumplía con su función de animar a los asistentes– que sacará los utensilios del estadio Teodoro Mariscal.
El Lobito Sainz aceptó públicamente su adicción al enervante. También se supo que, desde hace un año, Renato Vega Alvarado, presidente de la Liga Mexicana del Pacífico, conocía esa situación: el jugador resultó positivo en una prueba antidoping que se le había practicado.
Renato Vega no sólo toleró al ampayer si no que lo promovió para sancionar en la Serie del Caribe. Ahora Humberto Sainz rechaza nuevas pruebas antidoping, que las autoridades deportivas pretenden hacerle, porque considera que ésa es una ofensa para su carrera de 23 años.
“Ya estoy cansado. Me siento triste porque soy el mejor ampayer de México y, porqué no decirlo, de Latinoamérica. Se me hace ridículo hacerme un examen antidoping. Eso me ofende ”, declaró Sainz a la prensa local.
El Lobito abandonó el partido en la sexta entrada y no pudo contener las lágrimas. La presión, la impotencia, el coraje y tal vez los efectos en su salud por la adicción, fueron factores determinantes para esa decisión.
Lo sucedido con el jugador en la Serie del Caribe podría servir como argumento al presidente de la Liga Mexicana del Pacífico, para continuar con la práctica de aplicar la prueba antidoping a todos los ampayers y, de esa manera, sanear este deporte de posibles adictos a la droga.