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Judith Valenzuela Tengo pasaditos los dos meses –respondió Rosa con un dejo de miedo y vergüenza-. Tenía la vista fija en sus pies agrietados hundidos en las desgastadas sandalias de plástico. Su cara demacrada y pálida reflejaba la preocupación del embarazo imprevisto.
Judith Valenzuela Voy a pagar una manda/ al que me hizo un gran favor/ al santo que a mi me ayuda/ yo le rezo con fervor/ y lo traigo en mi cartera/ con aprecio y devoción/ me fue muy bien todo el año/ por eso ahora vengo a verte/ de Culiacán a Colombia/ que viva Jesús Malverde!/ este santo del colgado/ me ha traído buena suerte.
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